Una de las cosas que más me han interesado de Oculto sendero es observar hasta qué punto podemos sentir algo durante años sin disponer de las herramientas necesarias para comprenderlo.
María Luisa crece percibiendo que hay algo en ella que no encaja del todo con lo que los demás esperan de una niña y, más adelante, de una mujer. El lector actual puede identificar bastante pronto algunas de esas señales. Ella, en cambio, vive en una época en la que apenas existen referentes que le permitan imaginar una vida distinta.
Esa distancia entre lo que nosotros comprendemos y lo que ella puede llegar a comprender es uno de los grandes aciertos de la novela. En algunos momentos incluso llegué a sentir cierta desesperación al verla acercarse a determinadas respuestas para después alejarse otra vez. Con el paso de las páginas entendí que precisamente ahí estaba una parte esencial de la historia.
María Luisa no podía descubrirse antes porque ni siquiera sabía que determinadas preguntas podían hacerse.
Y hay algo especialmente duro en ello. Durante su infancia, esa ignorancia puede llegar a protegerla de una sociedad dispuesta a corregir cualquier comportamiento considerado anómalo. Más adelante, esa misma falta de respuestas empieza a convertirse en una cárcel.
Pero reducir Oculto sendero a la orientación sexual de su protagonista dejaría fuera buena parte de lo que hace interesante la novela. También habla del papel reservado a las mujeres, de la familia, del matrimonio, de la maternidad, de las expectativas sociales y de la dificultad de construir una identidad propia.
El arte ocupa además un lugar fundamental. María Luisa quiere pintar, y su necesidad de crear está profundamente relacionada con su necesidad de vivir de acuerdo con aquello que siente. Muchas de las limitaciones que encuentra no llegan mediante grandes prohibiciones. Aparecen en comentarios cotidianos, costumbres asumidas y expectativas que parecen pequeñas, pero que terminan delimitando toda una vida.
También me ha interesado mucho la ambigüedad de algunos personajes. Hay personas capaces de querer y hacer daño al mismo tiempo. Relaciones construidas desde el afecto que terminan reproduciendo las mismas estructuras que aprisionan a María Luisa.
Y, entre todo ello, la relación con su madre consiguió llevar mi lectura a un terreno mucho más personal. Algunas escenas hicieron que el libro dejara momentáneamente de hablarme de María Luisa para abrir una puerta hacia mis propios recuerdos.
Quizá por eso Oculto sendero ha seguido conmigo después de terminarlo.
Lo mejor
- La evolución lenta y creíble de María Luisa y su proceso de autoconocimiento.
- La forma en que Elena Fortún muestra el peso de las convenciones sociales a través de situaciones aparentemente pequeñas.
- La relación entre creación artística, identidad y libertad personal.
- La humanidad de unos personajes capaces de combinar afecto, incomprensión y daño.
Lo menos bueno
- La distancia entre aquello que el lector puede comprender y lo que María Luisa todavía no logra ver puede resultar frustrante en algunos momentos. En mi caso, esa frustración terminó formando parte del sentido de la propia novela.
¿A quién lo recomiendo?
Recomendaría Oculto sendero especialmente a lectores interesados en cuestiones sociales y en novelas que permiten observar cómo una época condiciona la forma en que una persona entiende su propia identidad.
También puede resultar muy interesante para quienes busquen literatura sobre el papel de la mujer, las convenciones familiares, la construcción de la identidad, las relaciones afectivas o la relación entre arte y libertad.
Es además una lectura especialmente atractiva para quien tenga interés por Elena Fortún más allá de sus obras más conocidas, ya que el carácter autobiográfico de la novela permite acercarse a una faceta muy personal de la autora.
Oculto sendero construye así un recorrido íntimo por la identidad y por la difícil búsqueda de un espacio propio.